martes, 6 de mayo de 2014

Caught

Me besó. Fue un beso corto, mágico, tierno. Me tomó de la cintura y me apretó contra su cuerpo, me miró a los ojos y sonrió. Olvidé el mundo, ya no había memorias del exterior, nada más importó. Sólo éramos él y yo. Nadie más, nada más.

  –Tú haces que todo se sienta mejor. –Me dijo mientras escondía su rostro en el rinconcito entre mi cuello y mi hombro.
   –No quiero soltarte. Lo abracé más fuerte y apoyé mi cabeza en la suya.
   –No quiero que me sueltes. –Besé su cabello negro, le hablé al oído. –Tú haces que todo se sienta mejor.

No pasó mucho tiempo antes de que notaran nuestra ausencia. Silencio absoluto. Fue un beso que no debió ser, prohibido. Se abrió la puerta.

La mujer en el umbral llevaba una argolla en el anular.

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