sábado, 16 de noviembre de 2013

Fresas con magia.

Decidí visitar a la bruja de mi prima porque no contestaba ninguno de mis mensajes y necesitaba que me ayudara a arreglar el problema que Lucio y Mikaela habían propiciado.

Mis hermanos lograron que mi novio se diera cuenta al ciento por ciento que hay algo raro en mí; es decir, tenía sus dudas y sospechas, pero no me presionaba por información y eso era un punto positivo en nuestra relación, pero mis hermanos... esos malditos desechos mágicos lograron traer a la luz todo lo que yo había ocultado durante poco más de dos años.

Mi Damián es un hombre perfectamente normal, un arquitecto con un trabajo estable, un hombre de muy buen ver, pero en ese momento era un adefesio pequeñito producto de un experimento de Lucio y Mikaela. Decidí ir con Renata porque ella es la única bruja completa a la que le confiaría la vida de mi prometido.

     -¿Qué haces aquí, Romina? -Me recibió Renata un poco desconcertada al verme sola porque los seres mágicos a medias no somos muy bienvenidos solos, así que viajamos en pares para ser un 'ente completo', pero estaba furiosa con mis dos 'mitades' así que me encaminé sola al mundo mágico.
     -¡Los mato, Renny, te juro que los mato! -Entré sin saludar a la bruja de ojos verdes.
     -¿Qué pasó? ¿Dónde están tus hermanos?
     -Pasó que Lucio y Mikaela se pusieron a jugar a 'Magos y Brujas' con Damián ¡Eso pasó! -Pude sentir cómo se desencajó la expresión de mi prima.
     -¿Te refieres a..?
     -¡Mira! ¡Mira lo que le hicieron! -Saqué de mi bolsillo una esferita de cristal que dentro tenía una versión pequeñita y deforme de mi novio. -¿Cómo diablos se les ocurrió esto? -Después no le dije nada más. Renata tomó la esfera y la examinó mientras caminaba en dirección a la bibliotequita de su apartamento. Balbuceó un par de cosas que no me molesté en descifrar, un librito salió de uno de los estantes y se abrió frente a ella. Renny volteó a verme y con Damián en sus manos lanzó la esfera al piso. -¿Qué caraj--? -Las palabras se cortaron cuando ambas fuimos testigos de cómo la esfera rebotó elevándose a la altura de la mirada de mi prima.
     -Romina, no sé cómo explicarte esto. -Me habló sin verme, no le despegó los ojos a la pelotita que claramente no era de cristal. -Necesito saber cómo hicieron esto Mika y Lucio.
     -Renny, ¿puedes arreglarlo? ¿Está consciente de esto?
     -Sí, sabe perfectamente qué pasa. Sí, puedo arreglarlo.

Renata colocó la esfera en un cazo junto con un montón de sustancias con texturas nauseabundas a la vista.

     -¿Qué hicieron?
     -Sólo lo redujeron, pero ese no es el punto.
     -¿Qué?

Mi prima acostumbra ponerse misteriosa, pero me explicó todo lo que yo necesitaba saber, me habló a detalle acerca del hechizo que habían impuesto mis hermanos sobre mi novio.

     -Eso es imposible. -Le dije incrédula. –Debe haber otra explicación.
     - No lo es.

En ese momento alguien llamó a la puerta, Renny abrió y apareció un Lucio hiperventilando con una Mikaela llena de macabra autosatisfacción.

     -Sí lo es, Renny. ¡Carajo! Es más completo que nosotros juntos. -Jadeó Lucio.
     -Romina está aquí.
Me asomé al recibidor y vi escapar el color del rostro de mis hermanos.

     -¿La curiosidad mató al gato? -Los miré inquisidora.

Pudimos oír el crujir de la esfera y vimos cómo la silueta de Damián se elevó sobre el cazo y el menjurje. 

     -No tenía idea. -Dijo Damián.
     -Esto es impresionante. -Se le escapó de entre los dientes a Lucio.
     -Esto explica por qué cuando llegaste aquí nadie te atacó. -Mencionó en voz baja Renata.

Lo miré fijamente.

     -¿Quién eres? -Le pregunté.
     -Damián, tu prometido. Damián Tadeo, sab--
     -Cállate, -interrumpió Renny. -Tú eres un Tempus, eres un mago. -Me miró. -Uno poderoso. Este hechizo sólo puede afectar a seres mágicos, Romina.
     -Esto es absurdo, no tiene nada qué ver con…

Un rayo blancuzco emergió de la palma izquierda de Damián y luego no sé qué más pasó.

***

     -Buenos días, querida.
     -Hola. Tuve un sueño extrañísimo.
     -¿En serio?
     -¿Recuerdas que te había comentado que había algo raro en mí y que no sabía si lo entenderías?
     -Sí, amor. No te preocupes por eso. Yo también soy parte del mundo mágico, pero no estaba seguro de cómo decírtelo.

Sentí como si se me botaran los ojos de las cuencas. Él sonrió y notó mi desconcierto. Tragué saliva sonoramente.

     -Sólo quería que supieras que soy alérgica a las fresas.

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