domingo, 6 de octubre de 2013

Rodeado

De los problemas de ira de nuestro pequeño amigo.
 
Ellos creían que no los escuchaba, pero sí que lo hacía. Los escuché con atención.

     "-Sinceramente... no sé cómo decirte que esto no es muy convencional.
     -¿No te gusta?
     -No es que no me guste. Es sólo que...
     -¿Qué?
     -¿Sabes? De todas formas no deberías dejarlo así nada más. Deberías seguir escribiendo. El próximo año tal vez te vaya mejor. Piensa que será una nueva experiencia."

Y luego me dejaron aquí. Es increíble. Tanto tiempo para generar cada frase escrita y me dejan aquí. Aquí donde soy casi invisible y mi presencia raya en la insignificancia. Maldita sea. Si tan solo hablara un poquito más fuerte un poco más seguido, seguramente no estaría atrapado en situaciones como estas ni entre estos mastodontes de 300 y hasta 700 páginas. Qué triste es verme rodeado de libros y no tener la más mínima idea de por dónde empezar, no tener la más mínima idea de si algún día saldré de aquí. Seguro las polillas me encontrarán antes que cualquier otro ser viviente. Estoy harto. No fui creado para este tipo de malos tratos. ¿Es porque apenas tengo unas decenas de páginas? ¡Al carajo! Quiero quemarlos todos, deshacerme de cada una de las sílabas, de cada línea infestada de aburrida retórica... simplemente hacerlos desaparecer como hicieron con esas bibliotecas en Alejandría o dónde haya sido. Quiero reducirlos a cenizas, usarlos para la chimenea, rasgarlos todos (algunos lentamente y otros con especial rapidez y violencia) Vomitar sobre cada sintagma y cada diptongo. Sólo quiero darles en la madre a todos y cada uno de los ejemplares que me tienen rodeado. Malditos cabrones, hijos de puta. Muy exitosos, muy bien empastados, miembros de larguísimos tirajes, editados y vueltos a editar, alabados por las palabras rebuscadas que seguro el cien por cien de los lectores no entiende, exhibidos en los escaparates por lo atractivo de sus portadas. Los odio a todos. Incluso a los clásicos, sobretodo a los clásicos. Por las alegorías, retóricas y metáforas que segurmente salieron nada más porque sí... Sólo para llenar páginas. Los odio. Se exceden de palabras y no dejan que el lector piense un poquito más, no dejan que... ¡Estoy cayendo en lo mismo! Ya. No diré nada más al respecto. Sólo espero que alguien me saque de aquí pronto.  

El librito de ultracortos se quedó en el estante con un par de novelas de 500 páginas a los costados.

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