martes, 16 de julio de 2013

Crónica de un guerrero en proceso XIII

Sentitola

Habla Darío:

"¿Diego está en casa?" Por un momento me sentí el peor hombre en la faz de la Tierra. Esperaba con cada gramo de mi ser que dijera "No." De estar, tendría que simplemente fingir demencia y nos transgredir ningún límite. Puedo cargar con mi conciencia, con Isis, pero no con la presencia de Diego. A veces me abucheo yo mismo por ser tan considerado con él, pero actuar en su ausencia no es nada gallardo de mi parte así que de todas formas estoy haciendo algo malvado. "No, salió anoche rumbo a la ciudad." No la noté preocupada, seguro ya es parte de su día a día. ¿Quién más se lo preguntará? Seguramente sólo su madre y sus amigas más cercanas. "Entonces nadie te espera en casa." Por dentro me retorcí de alegría. "No."  Ella seguía tranquila, casi inmutable. Cuando salimos del edificio noté un cambio en ella, como si se hubiera dado cuenta de algo, pero no hice notar trivialidades mías, quería que todo saliera bien. "¿Qué tramas, Darío?"  Le abrí la puerta y pensé en decirle 'Bienvenue, mademoiselle' , pero me abstuve y sólo le contesté "Nada muy malvado, lo prometo."  Cerré la puerta y le di la vuelta por atrás a mi Focus plateado. Entre al auto y lo encendí sin decir nada.

"Darío." La escuché y me tomé el tiempo para contestar.
"Clarissa..."
"Pues... ¿Qué vamos a hacer?" Me quedé en blanco por un momento.
"¿Tienes hambre?" Me sonrió, supe que ella sabía que no íbamos a ninguna 'diligencia', pude verlo en su sonrisa. "Conozco un lugar que te va a encantar." Puse el auto en marcha.
"¿Darío?"
"Dime"
"¿Dónde está Isis?" Ya no estaba tan inmutable, la noté preocupada.
"Está con su madre, se quedará allá un par de días."
"Ah." Pretendió tranquilizarse, pretendí que le creí. 

Llegamos al lugar, un establecimiento de comida coreana. En cuanto apagué el coche empezaron a caer gotitas, el ambiente se notaba nublado y me percaté de que no traía paraguas. Probablemente mi sorpresa fue notable porque pude percibir la sonrisa de Clarissa mientras sacaba algo de su bolso. 

"¡Voilá!" Tenía un paraguas azul en la mano. Le sonreí, me dio el paraguas y salí del coche.

"No sabía que te gustara la comida coreana." Me sonrió y casi me derrito ante ella. "Me gusta este lugar."
"Na sabía que conocías este lugar." Pensé en todo lo que pudo haber salido mal en ese preciso instante. Pensé en lo caótico que habría sido para mí que dijera "Vengo aquí con Diego." Luego habló.
"Suelo venir a despejarme, aunque normalmente vengo sola." Seguía sonriendo al hablar y no me veía. Cuando por fin me volteó a ver me dijo: "¿Por qué estamos aquí?"

Antes de contestarle, me acerqué y le hablé al oído "Acabo de allanar tu 'lugar feliz', Malacara." La besé en la mejilla y luego le dije "Estamos aquí porque nos lo merecemos"

Habla Clarissa:

Me siento terrible y tristemente con 'terrible' me refiero a 'no tan mal'. Diego no está en la ciudad y ahora sé que Isis tampoco, estoy a solas con Darío y no es en la oficina. Hasta antes de llegar a "Kimchi Place" todo pintaba para ser un affair con cada letra y cada consonante, pero no. Estamos en un lugar común. Es cierto que suelo venir sin compañía, pero Yesung y Tiana conocen a Diego y dudo que Darío no haya venido aquí con Isis.

"Anyong haseyo" Nos reciben Yesung y Tiana.
"Anyong haseyo" saludo.
"¿Mesa para dos?" Pregunta Tiana.
"Ne." Darío asiente inclinando la cabeza.

Nos dirigen a mi mesa, la mesa en la que siempre me siento.

"¿Qué van a comer? ¿Esperan a alguien?" Esa cortesía que aún no sé decir si es meramente coreana o si es para mantener a flote el negocio.

Darío pide un bimbap y yo un ramyon, necesitaba algo calientito en mi sistema; la lluvia apenas inició, pero el frío había sido constante toda la semana.

"¿Algo para tomar?"
"Té de la casa." Nos apresuramos a contestar los dos. Tiana nos deja y ahí nos quedamos, mirándonos. Nuestras parejas no están en la ciudad y aquí estamos. Darío y yo... y ya.

"Entonces, cuéntame ¿Qué tal va todo?" Me pregutna con interés genuino y aunque sé que no es una pregunta laboral, contesto on eso.
"Pues todo bien, ya casi está el proyecto y estoy segura de que gustará."
"M'alegro." Sonrió. "¿Y qué tal todo en casa?"
"Todo en orden." me sorprende lo seca que me estoy portando, pero para ser sincera, no quiero hablar de lo que pasa en mi casa con él.

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