domingo, 27 de enero de 2013

Crónica de un guerrero en proceso XI


Priorizar
(Escapar de ruido mental)

Habla Clarissa:

Despierto y es temprano, tanto como siempre debería ser cada vez que abro los ojos. Diego está a mi lado en la cama, dormido. Respira plácidamente. Anoche llegó muy tarde y sólo nos dio tiempo de cenar juntos algo ligero, se metió a la ducha y cayó muerto sobre el colchón que compartimos. ¿Por qué estoy despierta a esta hora? La pantalla de mi celular me dice que son las 06:40 a.m. No tengo ni medio gramo más de sueño, tengo que hacer algo. Me pongo el conjunto deportivo turquesa, los tenis de correr, beso a Diego en la mejilla, sigue dormido pero no lo voy a despertar, lo dejaré descansar. Antes de salir del departamento dejo en la mesa un vaso de cristal, el extractor y un montoncito de naranjas, dejaría el jugo hecho, pero el punto es no despertar a Diego.

Estiro los músculos un poco y por fin salgo del edificio. Empiezo a trotar... me siento pesada, tenía mucho tiempo que no hacía esto de salir a correr y sinceramente no sé qué me motiva esta mañana. Tal vez muy dentro de mí sé que necesito pensar en cosas y situaciones.

Los pulmones empiezan a renegar un poco después de los primeros veinte minutos que llevo de movimiento continuo. Estoy algo lejos del departamento y una vez más veo que mi yo interno sabía a qué se atenía esta mañana, traigo dinero suficiente para el pasaje de regreso. Aminoro el paso, el trote ligero se vuelve un caminar constante.

"bzz bzz"

Me sorprende sentir el vibrar de mi teléfono celular en uno de los bolsillos de la chamarrita turquesa. Leo el mensaje de texto de Diego.

 "Buenos días, Chaparra. Te me perdiste."

Me sonrío, me encanta su serenidad ante la vida, su encantadora disposición hacia lo que venga. Lo llamo.

"Hola, Señor de los números."
"Hola, Chiquilla... ¿dónde andas?"
"Salí a correr, estoy llegando al templo de la zona este... ¿Cuánto tienes buscándome en la alacena?"
"Chistosa." Rió. "Qué bien, mi Alma... ya tenías rato que no salías a correr, tendré que empezar yo también, ¿verdad?"
"Como quieras" Reí también.
"Pues estoy viendo qué hacer para desayunar, ¿vienes de regreso o voy por ti?"
"Traigo dinerito para regresar, en una media hora estaré por allá... ¿Qué desayunaremos?"
"Veré qué me invento, te espero."
"De acuerdo, nos vemos."
"Te quiero." Dijimos a la par.

Entro al templo, me siento en la tercera banca desde atrás. El lugar es grande y sólo hay dos personas más en las primeras bancas. No me siento sola, sé que alguien está viéndome, alguien siempre está al pendiente cuidándome. Cierro los ojos y veo a mi Diego; pienso en Darío, me concentro en la relación con Diego. Él me hace feliz, de verdad muy feliz. Desde que empezó este embrollo extraño con Darío, me he preguntado mucho qué es lo que me tiene con Diego y qué me puede ofrecer Darío de verdad. Darío no puede ofrecerme nada, Isis está ahí de la misma manera en la que Diego está en mi vida, pero Diego no es como Isis con Darío. Diego es mi apoyo, es mi compañía es... Él es el hombre que amo. No puedo hacerle ni hacerme esto. Considerar algo con Darío es tremendamente estúpido y aunque tengo principios de piromanía no me arriesgaré a quemarme, porque la chimenea en casa me dará el calor que necesito sin lastimarme.

Habla Darío:

De pronto me di cuenta de que no podía dejar de pensar en ella. Isis está a mi lado en la cama, pero no está conmigo, la siento ausente y tal vez el que está ausente soy yo... no es ella a quien quería ver esta mañana, hace tiempo que no es ella. Tengo que salir de aquí y despejarme... Hay un templo cerca, pienso que ahí podré relajarme.


Darío llegó al templo al que se proponía llegar, cinco minutos de camino. Entró al templo, la pareja mayor que habitualmente estaba ahí, estaba y había un alma más en el recinto. Alguien que no se había levantado con la firme convicción de asistir a ese lugar o simplemente no tenía problema en presentarse en ropa deportiva ante lo que era un lugar de adoración. No era sólo un alma más... era ella. Sintió un impulso a acercarse a ella. Sentarse a su lado y ante la presencia del Dios en el altar tomar su mano y decirle lo que sentía por ella, por esa mujer que le había removido los sentimientos, pero se contuvo. Necesitaba despejarse, necesitaba... No es cierto. Se levantó de la última banca y se acercó a ella justo cuando ella se puso de pie. Se miraron. Mientras él esbozaba una genuina sonrisa, ella mostró sorpresa... no lo esperaba ahí. Continuó su camino, siguió hacia la salida del templo, naturalmente él camino tras de ella. Salieron del lugar y ahí se encararon.

"Te extrañé."
"No esperaba verte. Tengo que irme."
"No te preocupes."
"Nos vemos después."
"De acuerdo. Cuidate."
"Adiós, Darío." Ella se acercó, lo besó en la mejilla y se fue. Él se quedó ahí plantado en el piso de concreto. Tenía aún más revueltas las ideas y ahora la veía irse. La veía alejarse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario