miércoles, 26 de diciembre de 2012

Crónica de un guerrero en proceso X


Soñar contigo.
(Enredo mental)

Habla Clarissa:

Hace un par de noches que he tenido el mismo sueño extraño. Veo a un hombre dándome la espalda y sentado en mi silla en el estudio, está haciendo cosas en la computadora y a decir por sus rasgos siempre termino deduciendo que es Darío, pero voltea y es Diego. Me ve y me regala la misma sonrisa torcida que Diego me concede cada vez que me ve llegar con el maletín lleno de esos malditos planos azules que me desvelan cada cierto tiempo. Al hablar oigo a Diego, pero las palabras son las que me diría Darío. Todas son sus palabras, a excepción del "Mi Alma" que Diego me dice cuando despertamos juntos. Nunca recuerdo lo que me dice, sólo oigo "Ya casi está todo, mi Alma." Me acerco y lo beso en la mejilla en son de saludo, él responde mi saludo y cuando me siento para ver lo que hace en el monitor de la pantalla me toma de las manos y me hace ponerme de pie con él.

"Ya te extrañaba"

Me abraza, pasea ambas manos por toda mi espalda, me sujeta con firmeza, yo también lo abrazo. Es un abrazo de esos que embelesan, que provocan cerrar los ojos y esperar un beso en el cuello. Me hace pararme de puntillas, logra embonar su rostro en el huequito que mi clavícula forma cuando alzo mis brazos para abrazarlo, me devuelve al suelo. Lo abrazo también, respiro el aroma de la fragancia que lleva puesta y huele a Darío. Me abraza como Diego. Me besa el cuello con delicadeza, de la misma manera en la que imagino que Darío lo haría de estar en la situación. Me sujeta más fuerte. Sus manos hacen caso omiso a la frontera que representa el inicio de la cintura de mi pantalón y aprietan mi pelvis contra la suya. Respiro con pesadez.

"De verdad, te extrañaba. Ya quería sólo verte y abrazarte y ..."

Se interrumpe besándome las mejillas, pasando su lengua por los bordes de mi oreja izquierda, volviendo por mi mejilla y estampando sus labios en los míos.

"Sólo quiero estar contigo."

Me toma el rostro entre las manos, me ve a los ojos y se percata de que no he dicho una sola palabra.

"¿Qué pasa?"

El rostro de Diego se transmuta y veo claramente a Darío con sus manos en mis mejillas, parado frente mí, mirándome a los ojos... Me pierdo en él, en su mirada.

"Te quiero, Diego. Te quiero demasiado."

Me sorprende la seguridad con la que lo llamo Diego a sabiendas de que es Darío quien tengo al frente. 

"Te quiero."

Y luego despierto. ¿Por qué tengo que verlos a ambos incluso dentro de mis sueños? ¿Por qué?

***

Habla Darío: 

Dormir es un placer, nadie puede negar eso. Nadie. Yo disfruto de dormir y últimamente he de decir que disfruto en sobremanera soñar porque es ahí donde puedo estar con ella sin que nadie más pueda intervenir.
La veo en mi cabeza, ella me ve a mí, me sonríe. Estamos solos, estamos bien, estamos. No hay dudas, no hay preocupaciones. No está Diego, no está Isis... No existen, no en nuestro mundo, no en el mundo en el quiero estar con ella. Lleva un vestido de seda rojo quemado, lleva los pies desclazos y el cabello color caramelo le cae en suaves caireles sobre los hombros... Me ve, me sonríe. Me regala esa sonrisa hermosa que me derrite, que me invita a acercarme y como nada ni nadie me lo impide, me acerco. La beso, la abrazo, la alzo. Paseo mis manos por su espalda y un poco más abajo. Recorro con mis labios dando leves besos todo su rostro, su cuello, llego a sus hombros, a su pecho... escucho como cambia su respiración, la aprieto con más fuerza hacia mí. Ahí la tengo, ahí está para mí, no quiero soltarla. No quiero. Regreso mis labios a sus labios, los delineo con la lengua, mis manos van retirando los tirantes ojos que sostienen el vestido en su lugar... la prenda cae y la admiro, la veo... ahí está para mí. Ahí la tengo... sus ojos... esos ojos, la veo mover sus labios, dirá algo. Despierto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario