miércoles, 19 de diciembre de 2012

Crónica de un guerrero en proceso IX


Fuego cruzado
(Dicen que soy retesuertuda)

Habla Clarissa:

Los viernes siguen siendo interesantes. Algo dolorosos, pero interesantes al fin. Tengo una lesión crónica en la cadera y en los pies, además está empezando la época fría y eso me recuerda con más ganas mi estado, pero no dejo el deporte por nada ¿verdad?

Decir que soy un poco terca está de más, ¿cierto? Pues no es terquedad persé, es más una pasión de esas que son tan grandes que cuando buscas una manera de explicarlas no tienes ni la más mínima idea de qué adjetivos usar. Sabonim dice que cuando no sabes explicar las razones para amar algo es porque es amor de verdad. Entonces pienso que las artes marciales son el amor de mi vida... no hay otra explicación, al menos no lo suficientemente razonable.

Bien, antes de hablar sobre ese viernes interesante, he de poner en claro un par de cosas, un par de cuestiones que siento deben ser aclaradas aunque, la verdad sea dicha, me da terror darme cuenta de en qué estoy metida. Tengo que hablar con Darío y aún más peligroso, hablar con Diego. Nadie se merece nada de esto y de alguna forma depende demasiado de mí. 

He estado con Diego durante los últimos seis meses, aunque nos conocemos hace poco más de un año. Él ha significado el mundo para mí y es un rayito de luz en mi vida. Llegó sin que lo esperara, sin que lo buscara y por clichoso que suene, llegó para quedarse en mi vida. Él es la antípoda completa a muchas personas que han formado parte de mí y que sólo fueron parte de un borrador que deseché después de ver que no había oportunidad de editar lo suficiente como para pensar en publicar. Diego es... no sé qué decir de él. Es una persona que le sonríe a la vida y que se pone a los trancazos con quien lo agreda lo suficiente como para merecerlo. Tal vez él sea mi TKD porque no tengo una razón para decir que lo quiero de la forma en la que lo quiero, tal vez no sea mi TKD, pero eso no importa tanto ahora. Está conmigo, estoy con él y estamos bien. No quiero arriesgar nada, no quiero querer arriesgar nada, no por cobardía, sino porque quiero que él se quede... y es ahí  donde entra en conflicto un ser que lleva por nombre Darío.

A Darío lo conozco de verdad hace poco y entre nosotros sucede lo que sucedería entre cualquier otro par de adultos que se encuentran en el momento químicamente adecuado: hay una atracción impresionantemente fuerte. Una atracción mental, espiritual, física, emocional, profesional... es simplemente demasiado. No sé si sea del todo real, pero eso no le quita ni medio gramo a tan pesada situación. Él es unos cuantos años mayor que yo, pero no parece que ese sea un obstáculo grande, nunca lo ha sido. Cuando nos conocimos yo tenía 10 y él 16, él era amigo de mi hermano Brandon y me encaminó a eso de dibujar y tratar de hacer que las cosas se vieran lindas. Perdimos contacto casi 10 años por cuestiones de sus estudios, su trabajo. Cuando se mudó a la ciudad, mi hermano se fue con él; a Brandon lo veía cada semana, a Darío no lo vi durante esos años. Después, por mis estudios y mi trabajo fue que volvimos a toparnos y pareciera que no pasaron tantos años. Ahora que yo con mis 21 años cumplidos volvemos a aparecer en su vida parece que nos tardamos demasiado, por triste que sea, así es. Él con sus 27 años, su mujer y su primer pequeño en camino no puede ser más que un amor platónico para mí, el más cruel de todos... porque es un 'inalcanzable' que está aterradoramente cerca.

Un amigo mío dice que no hay mujer más afortunada que yo en el mundo, tengo a mi Ideal y a mi Real al alcance y ambos me quieren en sus vidas, es una de esas bendiciones que a veces parecen condenas. El problema es que hay mañanas en las que despierto y los quiero a los dos en mi vida; quiero alternar cada cuanto quiero a uno u otro en mi cama, quiero... los quiero... pero no quiero 'quererlos' ¿Explícome?

Bien, volvamos a los viernes. Ese día por la mañana, hablé con Darío para arreglar una cita y revisar unos planos. 

"¿A las 13h en el café de siempre?"
"Va. Llévate la computadora y yo te llevo la información."

Fue una llamada corta y una reunión laboral al calor de dos tazas de café y papeles con notas, números y garabatos. Después de ver lo que se requería con respecto al trabajo hablamos de otras cosas, compartimos nombres de autores y libros y por poco nos poníamos de acuerdo para ir al cine el próximo fin de semana, pero él tenía compromisos con Isis y su familia. Hablamos de Brandon y de la emoción que le provocaba la llegada de su pequeño. Fue raro e incómodo, pero soportable.

"¿Y Diego?" preguntó. "No lo vi el otro día que te dejé en tu departamento."

Lo raro se hizo más raro porque Darío nunca mencionaba a Diego de la misma manera que yo no menciono a Isis.

"No estaba, el equipo tuvo serie fuera y se lo llevaron, ya sabes cómo son esas cosas."

No, Darío no tenía ni idea, pero fue una manera de cortar el tema.

"Bueno, colega. Yo pienso que me tengo que ir."
"¿A dónde? ¿Te llevo?"
"Voy al departamento y de ahí al doyang... sí, ¿por qué no?"
"Bien, vámonos."

Llegamos a mi departamento y subió conmigo. Diego estaba en casa.

"Hola, Lic."
"Diego, ¿qué tal todo?" Se saludaron de mano.
"Serie mala, pero seguimos pa'lante. Y tú ¿qué onda? ¿Siguen peleándose con los planos? Clarissa me ha platicado que tienen bronquillas."
"Ingenieros. Es todo lo que puedo decir." Se rieron mientras yo arreglaba mi maleta para el entrenamiento, me sacaba los tacones negros, la falta también negra recta y la blusa blanca de manga larga para despues enfundarme en un conjunto deportivo azul turquesa y unos tenis Converse blancos. Salí de la habitación que compartía con Diego cada vez que él estaba en la ciudad y los vi. Más que 'vivir juntos', yo le 'doy posada' a Diego cada que los directivos lo mandan para acá, afortunadamente hay equipo grande en la ciudad y pasa bastante tiempo aquí. Fue raro verlos ahí, conviviendo y riéndose... en mi departamento. Diego le ofreció algo de comer a Darío y sin esperar a que respondiera, me habló desde la cocina preguntando si ya había comido.

"Ya comí, gracias." Contestamos Darío y yo a la vez. Él tranquilo, yo gritando desde el cuarto. No pude evitar sonreírme.

Me despedí de Diego con un beso en la mejilla y le dije que volvía después. Darío y él se despidieron con un apretón de mano y oí de Diego:

"A ver qué día nos acompañas a un juego con Isis ya que nazca tu peque."
"A ver qué día, ya no falta tanto." Rió Darío.

Luego Diego se dirigió a mí.

"Yo paso por ti en la noche."
"Va, te espero allá." 
"Les das en la madre a todos, Chaparrita."
"Y si no, a batazos, ya sabes."

Era la primera vez que Darío oía la manera en la que nos despedíamos. Diego se acercó y me besó levemente los labios. Darío y yo salimos en camino al doyang y no hablamos mucho. Eso fue una descendente al rostro... Conectada.

Les dije que los viernes seguían siendo interesantes y dolorosos, pero nunca dije que la cuestión siempre sea dentro del doyang.

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