jueves, 18 de octubre de 2012

Crónica de un guerrero en proceso IV


A trancazos
(Cambiar el "no puedo" por el "lo intentaré")


Ojalá los viernes no causen frustración en ella, pues no sería sano. Ya es suficiente el hecho de no tener ni el fin de semana para levantarse un poquito más tarde como para que la actividad que eligió hacer no le dé lo que ella quiere: balance y tranquilidad, despejarse de todo lo que trae encima durante la semana, simplemente hacer lo que ama. Ojalá encuentre la manera de no alterarse TANTO y de no sufrir de la manera en que ha estado sufriendo porque no es justo para nadie -y ahí va de nuevo a pensar en los demás, tiene que dejar eso de lado un poquito- porque no es ella la única que se frustra, no es ella la única que sufre sus gritos -los del Sabonim y los que se dirige ella misma desde su propio centro de operaciones-, no es ella la única que se siente mal cada vez que Héctor la presiona un poco más, nadie dice que demasiado, sólo un poquito más.

"Esta vez tú vas a pelear, yo no. ."

O algo así es lo que ella recuerda que él le dijo después de darle la mano y dar la indicación de ponerse en guardia, la sostuvo de los hombros y la miró a los ojos como solía hacer, es chistosa la cantidad de tranquilidad que le transmite a sabiendas de que en cualquier momento la hará que se tambalee desde sus cimientos. Era momento de que ella pusiera en práctica la teoría que conocía, pero ese era el primer problema de la situación: nunca había podido aplicarla del todo. Ella inició la ofensiva de forma tardía, no era rápida, no era sorpresiva ¿Dónde estaba la teoría? ¿Dónde estaban los consejos que ella misma le había dado a su hermana años atrás? ¿Dónde estaba la agilidad mental de la que se jactaba ella? ¿Dónde estaba esa capacidad de manejo que muchos le atribuían y -según- le envidiaban? ¿¡Dónde!?

"¿Le pegas al costal, no? Eso soy, yo no te voy a responder"

Hablaba mientras bloqueaba patadas que no llegaban y golpes que no sorprendían, no es seguro que esas fueran sus palabras, pero el punto es hacer llegar el mensaje.

"¿Un costal? Sí... Uno que es cinto negro, que me habla, que me arrincona, que de pronto patea de regreso... Ajá, un costal. Uno que ya me hecho llorar, que me provoca gritar y que no me deja ni respirar, qué chido... la verdad."

Resonaban palabras en su cabeza, pasaba en marquesina con letras mayúsculas y flourescentes el mensaje que más que ayudarla le quitaba aún más aire. Uno, dos, tres... El oxígeno se transformaba en dióxido de carbono antes de terminar de procesarse en su cuerpo, el oxígeno se hacía cada vez menos con cada round que pasaba. Sentía el aire viciado, el oxígeno tardaba eras en procesarse -parte por la hiperventilación, parte por cosas que no han recibido diagnóstico, parte por la frustración propia del momento- la frustración se apoderaraba rápidamente del sistema.

"Vamos, el otro no se va a detener. ¿Qué más?" Se ponía casi sobre ella y le hablaba por su nombre, él se estaba robando ese oxígeno, él estaba nublando su mirada, él... él...

Las cosas se ponían borrosas, pero no más de lo normal así que les restó atención. Aspirar se hacía pesado, era más difícil. Se detuvo, se dejó contraponer a la pared, se rindió, fue débil. Se detuvo, contuvo las lágrimas, se tragó un par de perjurios.

"No puedo"

"¿Qué?"

"De verdad ya no puedo."

"El otro no se va a detener."

Y de la manera más antinatural que pudo ingeniarse, aspiró medio segundo de frustración y exhaló dos palabras gritadas... más que gritadas, desgarradas.

"¡No puedo!"

Y se acabó el asalto. Ellos dos no eran los únicos ahí, estaban sus compañeros -entre ellos las hermanas de ella-, estaba la gente de 'detrás de la barra' -entre ellos la madre de ella-. Era difícil, pero había vuelto a mostrar vulnerabilidad, había vuelto a sentirse pequeñita, sabía que tenía que mostrarse de una manera y que había actuado de otra.

"No puedo, no puedo, no puedo... ¡Carajo!"

Le era imposible sacar la frustración, sabía que tenía cosas en qué trabajar y de pronto llegó a ella como una epifanía el lema del Doyang por partes.

"El cobarde nunca inica..."

Pero ella ya había elegido iniciar.

"El débil nunca termina..."

Le está costando lágrimas, pero no se quiere quedar a la mitad.

"El guerrero nunca se rinde"

Está de sobra señalar su motivación en la vida; es hija de dos guerreros, estuvo a punto de seguir el camino de su padre, sabe lo que le ha costado a su madre y todo el empeño que han tenido que poner en su vida... no se quiere rendir.

"El guerrero nunca se rinde... El guerrero nunca se rinde... El guerrero..."

Y al final del día no quedó nada más que pensarlo y reconsiderarlo todo. Reanalizar la analogía del costal y tomarlo de quien venía... Viniendo de él, tenía que haber una enseñanaza de por medio.

"Un costal, sí... Uno que es cinto negro, que me habla, que me arrincona, que de pronto patea de regreso, que ya me hecho llorar, que me provoca gritar y que no me deja ni respirar. Un costal... No; al parecer, la motivación que necesito para continuar."

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