miércoles, 19 de septiembre de 2012

Alta traición (Alza la guardia)


¿Te acuerdas de aquellos compases que nos acompañaban cada noche antes de dormir? ¿Por qué dejamos de poner ese disco en la pista 15? Es decir, aún es nuestra canción, ¿no? Dime, ¿qué sucedió? ¿Qué pasó con las salidas al parque, con las escapadas al cine? ¿Qué pasó? ¿Qué nos pasó?

¿Recuerdas las cartas largas, largas y cursis, cursis? ¿Dónde quedaron? Seguro te deshiciste de ellas en cuanto te fue posible, en cuanto salí por esa puerta. Seguro te viste bajo la tentación de quemarlas, de triturarlas, qué sé yo. Vamos, seamos sinceros. Ya no somos ni la mitad de las personas que solíamos ser, ni por error somos lo que éramos y si bien no somos iguales no tienes derecho a atentar contra todo lo que construimos de esta manera tan... VIL. Entiendo perfectamente que parte de ti quiera optar por la evolución, al fin y al cabo es algo que yo misma te enseñé, pero parece que no entendiste del todo la explicación. Sí, eres tu enemigo más peligroso y el más fuerte, pero también eres el primer oficial que debe escoltar a tu propia persona. ¡Levanta la guardia! ¡Mantén la postura! ¡No te doblegues! ¡Hazle frente a esta batalla! ¡No te retires de esta guerra! Mantente firme porque la deserción es considerada alta traición y... eso se castiga con ejecución. Hemos tenido nuestras diferencias, lo sé, pero no quiero verte en el pabellón de la muerte. No quiero. Deja de hacerte esto, deja de hacernos esto ¿No te das cuenta de que duele?

Y entonces, al calor del momento, alcé la mano y descargué cada gramo de la ira que albergaba mi cuerpo y mi mente. Alcé el puño y proyecté todo mi enojo hacia esa persona que sabía que no me escuchaba. Alcé el puño y con todas mis fuerzas lancé el golpe más repleto de sentimiento que había propinado en mi existencia.

"Deja de traicionar tus propios principios, tus propias palabras. ¡Malditísima sea, quiérete un poquito! Deja de hacerte esto" Le grité, se me había acabado la dosis extra de paciencia con la que había llegado preparada a ese encuentro. Se acabó. Y cuando me cansé de rogarle a esa persona que sabía que no me escucharía me llevé la mano agresora al pecho y la apreté contra mi cuerpo, el dolor había hecho acto de presencia y demandó atención. Le hice caso, tenía que atender la herida producida por el espejo que había roto de un golpe.

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Participante a la convocatoria "Traición" de [B]icromato: Flyer Literario. No publicado

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