jueves, 2 de agosto de 2012

Trampa.


Hacer daño era trampa y tú... eres un tramposo.

Duele extrañarte y saber que no volverás, no porque no quieras, sino porque sé que realmente no podrás. Duele decir tu nombre y oír un eco que responde cordialmente que no te encuentras, que deje un mensaje y pare de llamar. Duele saber y ser capaz de ver lo que te hiciste porque sé que te duele y que piensas en mí con frecuencia, que lo has tratado, pero no quieres deshacerte de mi presencia.

Por otro lado…
Es chistoso verla, ver cómo me barre con la mirada, esperando mi primer paso en paso para poner el grito en el cielo y ser la víctima. Es chistoso porque parece ser que ella es la única que no ha comprendido qué es lo que está pasando. Es chistoso porque no ha sido lo bastante lista para darse cuenta de que la única persona que está lastimando es a sí misma.

No es justo y no debería ser permitido en ningún sentido. La negación de la felicidad debería estar tipificada como el crimen que es. Si estábamos tan enamorados, ¿por qué ya no estás conmigo? ¿Por qué te veo sólo en sueños y en mis recuerdos? Es decir, uno debería enamorarse, comprometerse y después pensar en hijos, familia y demás… en ese orden y con la misma persona. Ahí es donde mi desconcierto entra y tu error se hace notorio. Sé que estabas enamorado, me atrevo a decir que sé que estás enamorado, pero de ella no.

¿Quieres que te lo explique?

Mejor te lo dejo de tarea



-Priscila Talavera
26-diciembre-2010

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