miércoles, 6 de junio de 2012

Universos Paralelos i

1. Daniela y Darío

Existen momentos en lo que parece que los problemas no tienen solución, momentos en los que parece que  todo y todos están contra nosotros. Las broncas familiares, los daños a terceros, las ganas de salir huyendo; todo listo y arreglado en el menú de a diario.

Ella sólo quiere que alguien llegue a salvarla de tan grande campo de batalla que en algún momento llamó "hogar"; sólo espera que todo se arregle, que todo termine siendo nada más que un triste sueño. Sólo quiere despertar.

     -¿Mamá? -se asoma por su puerta la quinceañera con apariencia de niñita de doce. Las lágrimas de la madre son el detonador de la chiquilla, la hacen pensar que no quiere nada de esa vida para sí misma, no quiere esa vida para su mamá. -¿Mami? -repite con toda la intención de acercarse.
     -¿Qué te pasa, hija de tu chingada madre? -se materializa el ogro frente a ella. La toma del cabello. -Deja a tu madre en paz que nomás anda de maricona. -la niña llora, sigue la dirección del brazo de aquel mastodonte con varios grados de alcohol en la sangre. -Lárgate a la chingada de aquí. -la lanza de regreso a la habitación. Él entra también.
     -N-n-no -él la tumba en la cama. -¡NO! -ella grita despavorida, el ogro saca una navaja.
     -¡Cállate, cabrona! -arrastra las palabras causa del alcohol. Decir que es un hombre peligroso ya no vale la pena. -Ahora sí vas a ver quién manda aquí, pinche putita. -las palabras eran cuchillos, pero no la hacen sangrar de la misma manera que la navaja al hacer contacto en su piel. Ella grita, lucha. Grita.

Despierta después de una noche pesada psicológica, mental, emocional y físicamente. Le duele la espalda, moverse es un martirio. Tiene quemaduras de cigarrillo en los brazos, en las piernas y en la pelvis. Se siente sucia, se siente ultrajada. Ve la sangre entre sus piernas y no puede más que llorar en silencio pues si hace mucho ruido él vendrá de nuevo. Se mira en el espejo, se sonríe con las mejillas empapadas en lágrimas, vuelve a romper en llanto, no puede con esa farza.

Ella es Daniela y espera un superhéroe.

***

Ver el mundo desde fuera es algo que todos hemos hecho en alguna ocasión. Todos hemos tratado de ver el mundo desde una perspectiva en la que no nos competa hacer nada aunque podamos. Todos hemos querido ser como... vaya, hemos querido saber qué se siente ser omnipotente y elegir a quién ayudar. ¿Por qué? Porque dentro de nosotros la única duda es "Yo... con ese poder, ¿me ayudaría a mí mismo?" Es el morbo lo que nos mueve a pensar que "dios" (con o sin mayúsculas y sin importar que sea en singular o plural) es un niñito mimado que elige a quién ayudar.

Un cigarro con el estómago vacío. Una costumbre que se ha impregnado en el día a día igual manera que el aroma del tabaco en las ropas del joven. Una mirada al horizonte azul violáceo de las cuatro de la mañana, no ha dormido mucho y no lo tiene planeado. No se ha preocupado por comer, sólo se asegura de que su hermanita y su madre tengan algo que llevarse a la boca. Es el sostén de esa pequeña familia, de ese hogar que se desmorona con el paso de los días. Se queda con la mirada perdida y no le apetece continuar con esa vida. Toma papel y lápiz, escribe sus versos y sus pensamientos en los panfletos de 'los hermanos', rayonea las paredes de su pequeña habitación con un pedazo de carboncillo que encontró por la calle. Antes de irse una vez más ve a su hermanita, se queda con la sensación de querer darle un beso en la frente, se siente con toda la responsabilidad sobre sus hombros. No le corresponde, pero así se siente.

     -Un día todo mejorará, te lo prometo -le dice a la pequeñita que duerme plácidamente sin entender lo que sucede a su alrededor. Aquella casita que se cae a pedazos es todo lo que ella conoce.

Sale a una calle oscura, sale a enfrentarse al mundo otra vez con un par guantes desgastados para medio proteger sus manos cada vez que éstas sostienen su cuerpo sobre el asfalto. Primero llega donde Don Javi para ver si aún queda periódico para vender, se encasqueta el chalequillo del diario local. Se va a cambiar periódicos por monedas al cruce internacional.
 
     -Órale, mi Rockstar. Un Mexicanito por acá. -le grita un hombre desde su coche. Él torea autos haciendo gala de la habilidad que aún le queda a su cuerpo de 17 años y llega a su destino, le extiende el diario al hombre. -¿Qué show, morro? ¿Cómo está la familia? -le da un billete de veinte pesos
     -Todo bien, Jefe. Gracias. -se busca el cambio. -¿Y cómo está el Jerry?
     -Déjalo así, Rockstar. -le hace un ademán negando las monedas. -El Jerry bien grandote, aunque ya casi no habla español el cabrón. -soltó una risita. El muchachito también.

Sigue evadiendo autos para que no se lo lleven de corbata. Sus clientes habituales le gritan 'Rockstar' y sin dudarlo va a ganarse los morlacos del día. Por la tarde en los cruceros de la zona turística de la ciudad baila breakdance cada que el semáforo se pone en rojo, pasa y recoge un par de monedas. Un billete de cincuenta.

     -Gracias, Don Cleme. -le dice al hombre mayor. -¿Cuánto le regreso?
     -Hasta me ofendes, morro. -sonríe. -¿Y tu madrecita?
     -Ahí anda...
     -Cuídala, morro. Ándale, aviéntate otro pasito que pronto te haré competencia.
     -Claro. Gracias. -continúa la rutina. Se aleja del hombre de setenta y tantos que está en silla de ruedas.

Él es Darío y quiere ser un superhéroe.



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